Este post tiene tres borradores, todos terminados y todos pésimos. Me niego a hablar de mi enfermedad porque vivo con ella desde los 4 años, la sufro desde los 12, la tolero desde los 18, la llevo mejor desde los 24, y a los 30 ya es hora de asumirla como una condición de vida en lugar de un hecho aislado en mi existencia. La tendré hasta el día que muera.
Como me niego a ser abanderada de una enfermedad (la mayoría ha sugerido que lo haga para conseguir plata) y convertir este blog en un diario de miserias personales no he escrito durante los meses que ha durado esta reciente crisis. No aprendo a reírme de mi enfermedad, no aún, y decidí que la mejor manera de vivir con ella de ahora en adelante es hacerla el centro de mis decisiones.

La muerte pone todo en perspectiva
Es gracioso como a diario se habla de la muerte o decimos con facilidad «me mataste», «me muero donde eso pase», «te voy a matar», la mayoría de veces en tono de broma, como si en el fondo estuviésemos seguros de la presencia de la muerte, como si la aceptáramos. En los últimos 6 meses he descubierto que si en serio nuestra familiaridad con la muerte fuera tal, dejaríamos de hacer pendejadas, y en eso me incluyo.
Es una lástima que nos enseñen a aborrecer nuestras enfermedades en lugar de verlas como bendiciones, hoy puedo contarles que me tomó dos semanas salir de situaciones que llevaba años sin saber cómo soltar y todo porque vi la muerte tan cerca que ya nada me importaba más que estar tranquila. Todas las explicaciones, disculpas, escenarios a considerar para cuidar a los involucrados en realidad eran inútiles, era yo con miedo a lo desconocido, bastó con un «no más» y en algunos casos un «estoy harta, dónde firmo para irme» o «son mis últimos 15 días acá» para salir de todo.
Claro, hay días que son difíciles porque para nada esperé comenzar de cero a mis 30. Por fin estoy creando la vida que siempre deseé, una que me aún arde admitir porque resulta que también es el tipo de vida que mejor se adapta a la enfermedad. Hay días que son realmente duros y camino a oscuras, sin referentes, es incómodo saber que sí o sí la enfermedad está a diario cuando pasé los últimos 7 años deseando que desapareciera. Básicamente soy pura intuición ahora mismo, es lo único que tengo.
El acto rebelde
Hace mucho leí un cuento que hablaba de 3 hombres que tuvieron una experiencia fuera de lo común, cuando regresaron de su experiencia cada un la expresó de manera distinta: el primero enloqueció y terminó en el manicomio; el segundo se convenció que todos debían saber de ello y se dedicó a hablar públicamente del tema; el tercero fue a casa, hizo una familia y se dedico a escribir poemas.
Después de mucho pensar, mi decisión para este blog y mi vida es la misma del sujeto número 3, me basta con que me lean o conozcan y digan «Ana tiene su tumbao», que en estos textos se note la calle por la que ando aunque nunca dé detalles sobre ella. Es un blog para compartir lo que me inquieta y pasar el rato. Sin pretensiones de más. Al final y como spoiler: esta enfermedad no mata siempre, aunque sí que puede hacerlo, sigo viva, y en serio espero decir dentro de un años muerta de risa que he vivido, realmente vivido, muchas noches con sus días.
*Iba a poner otro párrafo pero el aleatorio reprodujo El verano… en definitiva ser adulto es salir de un pendiente para ir a resolver el siguiente antes de que se arrugue más el corazón.
**Publicaré de nuevo cada semana, se me olvidó decirlo antes.
***La imagen es un collage de Mateo Londoño, pueden ver sus otros trabajos en @cheo.enpedazos.